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jueves, 20 de abril de 2017

¿QUÉ ES EL CYBERBULLYING O CIBERACOSO?



En la última década se ha asistido a un notable incremento del interés de la comunidad educativa por investigar y erradicar el cyberbullying, una nueva forma de maltrato e intimidación entre iguales.

Se ha definido el ciberacoso o cyberbullying como aquel tipo de acoso protagonizado por parte de un individuo o grupo que, mediante el uso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC): teléfonos móviles, correo electrónico, redes sociales, etc., agrede deliberada y reiteradamente a alguien que no puede defenderse fácilmente por sí mismo.


A pesar de las semejanzas con el bullying tradicional (acoso escolar), se diferencian en algunos aspectos. El primero de ellos es el mayor alcance del cyberbullying. Con un solo click un alumno puede difundir un falso rumor a miles de personas en la red, mientras que en el acoso tradicional, por su carácter presencial, el alcance de dicho rumor está más restringido.


En segundo lugar, la imposibilidad de la víctima de escapar de la situación de intimidación. El acoso tradicional se limita básicamente al tiempo que alumno pasa en el entorno escolar, en el cyberbullying, el acoso puede continuar las 24 horas esté o no el alumno en el centro educativo.

En tercer lugar, el cyberbullying no es una experiencia cara a cara, el agresor no tiene que exponerse físicamente a la víctima, además de poder utilizar pseudónimos en la red. Todo esto le permite actuar en el anonimato. El contenido del acoso electrónico puede ser imperecedero o difícil de eliminar, por lo que la víctima puede estar reviviendo una y otra vez la situación de victimización, situándola en una situación de mayor vulnerabilidad.


Los distintos estudios realizados sobre la prevalencia, parecen apuntar a un repunte en la pre-adolescencia. Y respecto al género, las chicas son más acosadas que los chicos.

El cyberbullying tiene consecuencias graves para todos los implicados, al encontrarse un mayor riesgo de sufrir desajustes psicosociales y trastornos psicopatológicos en la adolescencia y la vida adulta. 

Destacan sentimientos de ansiedad, depresión, indefensión, tristeza, baja autoestima, ideación suicida; así como, bajo rendimiento académico y absentismo escolar.


jueves, 22 de septiembre de 2016

SÍNDROME O DEPRESIÓN POSTVACACIONAL, ¿EXISTEN?

A lo largo de este mes de septiembre, muchos de vosotros os habéis incorporado a la rutina laboral y escolar, dejando atrás las maravillosas vacaciones. Esto influye en el estado de ánimo de casi todos, se experimentan síntomas físicos como cansancio, falta de apetito, sueño, dificultad en la concentración; y psicológicos como falta de interés, irritación, desmotivación.

Pero ¡OJO! si usted sufre alguno de estos síntomas, NO padece una depresión o síndrome postvacacional.  Aclaremos conceptos; Síndrome: cuadro clínico caracterizado por varios síntomas de una enfermedad. Depresión: trastorno del estado del ánimo.

El “síndrome postvacacional” NO está admitido por las clasificaciones de enfermedades mentales ni por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aunque existan una serie de síntomas relacionados con el fin de las vacaciones, corresponden más a una situación adaptativa que a un trastorno mental. ¡Esa manía de etiquetar!

Muchas personas al incorporarse al trabajo después de sus vacaciones tienen problemas de adaptación, especialmente en la primera semana. La principal razón se debe a la falta de planificación para realizar una correcta transición de las vacaciones a la actividad laboral.


                                 


Niños y jóvenes, también viven esta incorporación a los estudios con mayor somatización, a través de conductas alteradas en el organismo: tristeza, irritabilidad, alteraciones del sueño, falta de apetito, dolencias corporales difusas... Sus vacaciones son largas y vacías de formación cultural, por lo que les cuesta adaptarse al curso. Si esta situación se prolongase, entonces sería conveniente consultar con un psicólogo y analizar las causas, podría tratarse de un trastorno adaptativo.


Prevenir esta situación, sería la mejor decisión. ¿Cómo?

  •    Establecer un patrón de sueño regular y una alimentación saludable.
  •    Tener una relación cordial y una comunicación adecuada con familiares y amigos, es fundamental para minimizar el impacto negativo del estrés.
  •    Hacer deporte ayuda a nuestra salud mental. El ejercicio es un amortiguador del estrés. Reduce síntomas depresivos y mejora el estado de ánimo aumentando la autoestima.
  •    No abandonar los hobbies. Empezar a trabajar no implica solo dedicarse a eso. Planifica tu tiempo y vive esos momentos que tanto te divierten y/o relajan, solo o acompañado.
  •    Pero sobre todo, lo que más nos ayuda a prevenir estos síntomas, es la actitud a la hora de afrontar la reincorporación al trabajo. La eliminación de pensamientos negativos y recurrentes, como que el trabajo o los estudios son incompatibles con las actividades agradables. Valora más tu forma de vida y elimina esa sensación de obligatoriedad a la rutina.


Una de cada tres personas que vuelve de vacaciones, sufren estos síntomas pero casi todos lo superan con normalidad porque como humanos estamos bien dotados para adaptarnos a los nuevos cambios. Lo más importante es centrarse en lo positivo porque, las cosas empiezan de nuevo y, en cuanto menos nos demos cuenta, volverán a estar al alcance de nuestra mano las ansiadas vacaciones.


Si quieres leer este artículo en la revista donde ha sido publicado, pincha aquí.

lunes, 22 de febrero de 2016

EJERCICIO FÍSICO Y LA SALUD FÍSICA Y MENTAL

El ejercicio físico y la vida activa se han convertido en uno de los objetivos de salud para la población, debido a los importantes beneficios que conlleva y al riesgo que entraña el sedentarismo. La actividad física debería integrarse en la rutina diaria de cualquier persona.

¿Cuáles son los efectos del ejercicio físico sobre la salud física?

El ejercicio resulta muy positivo para la salud en general. Sus efectos se traducen en una vida más larga. Las personas que realizan una actividad física regular y moderada pueden incrementar de media dos años su vida, mejorando la calidad de vida de ésta. Con sólo 30 minutos de ejercicio diario, se puede reducir el riesgo de sufrir diversas enfermedades crónicas. 


El ejercicio se ha relacionado con una mejora de la función cardiovascular y una disminución del riesgo a padecer infartos de miocardio.

También, ofrece protección para los accidentes cerebrovasculares gracias al efecto beneficioso en el peso, presión sanguínea, colesterol y tolerancia a la glucosa, muy relacionada con éstos. Además, protege a las personas de los tipos de cáncer que están asociados al sobrepeso, y en especial del cáncer de colon.

El ejercicio físico es fundamental para conservar la masa ósea, previniendo la osteoporosis y también es un factor de prevención de la diabetes, optimiza el peso corporal, etc.

¿Qué utilidad tiene el ejercicio físico en la salud mental?

Además de los beneficios en la salud mental, el ejercicio es un amortiguador del estrés puesto que actúa reduciendo el impacto de los sucesos estresantes. Aproximadamente, después de media hora de haberlo realizado, produce una disminución de la ansiedad, especialmente de la activación fisiológica. El efecto relajante se produce cuando el ejercicio es de intensidad moderada pero no resulta agotador. También reduce síntomas depresivos y mejora el estado de ánimo.


Los efectos psicológicos del ejercicio se deben en parte a la actuación de neurotransmisores como noradrenalina, serotonina y dopamina; a la liberación de endorfinas, etc.

Otros procesos que influyen en la salud mental la práctica del ejercicio, es el aumento de la autoeficacia y la autoestima, la sensación de control sobre el propio cuerpo, la exposición a procesos fisiológicos asociados a la ansiedad sin sufrir tensión emocional y el hecho de que el ejercicio suele realizarse con otras personas favoreciéndose el contacto interpersonal.

También suelen aparecer ciertos riesgos potenciales, como la "adicción al ejercicio" que sería una necesidad patológica y compulsiva de realizarlo con una intensidad y frecuencia excesivas. Las personas con este problema suelen tener rasgos obsesivos de personalidad y síntomas de trastornos de conducta alimentaria. A esto hay que sumarle lesiones producidas por la actividad física y el riesgo de sufrir un fallo cardíaco durante la práctica del ejercicio. 

El apoyo social resulta ser un predictor importante de la realización de ejercicio. Realizarlo con otras personas y recibir apoyo de las personas significativas para uno mismo, ayuda a continuar participando. Las personas más predispuestas a realizar ejercicio tienen actitudes positivas y responsables de su salud. La práctica del ejercicio físico a largo plazo está determinada por el hábito de realizarlo, siendo mucho más probable que continúen realizándolo las personas que lo llevan practicando entre 3-6 meses.